Saborea Gales en la Patagonia


Trevelin hace justicia a su nombre, “El pueblo del molino”,no solo porque a la molienda y comercialización de cereales deba su crecimiento, sino que se configura en torno a una plaza central, donde los fines de semana se arma una hermosa feria artesanal y se llena de gente paseando o tomando mate en el césped, de la cual parten las diferentes calles como si fueran las aspas de un molino.

Tre=pueblo, velin=molino

Tre=pueblo, velin=molino


Los galeses se establecen en Chubut

Este pequeño pueblo chubutense, situado a 25 km de Esquel, fue uno de los lugares elegidos por la colonia galesa a la hora de asentarse en la Patagonia, junto con Rawson, Gaiman, Trelew y Puerto Madryn. De hecho, es gracias a los inmigrantes galeses que el terreno actualmente ocupado por los parque nacionales Lanin y Los Alerces y zonas adyacentes pertenece hoy a Argentina. A principios del S.XX, Chile reclamaba la soberanía de esas tierras esgrimiendo los argumentos de que no existen altas cumbres y los ríos y lagos existentes desaguan en el Océano Pacífico. Pero un poco por agradecimiento al país que los había ayudado a renacer lejos de la opresión inglesa, un poco por el deseo de pertenecer al mismo país que el resto de sus hermanos, radicados en otras ciudades de la provincia, los habitantes de Trevelin votaron a favor de Argentina en el plebiscito.

Las casas de té

A día de hoy, gran parte de los habitantes de Trevelin son descendientes de estos primeros colonos galeses y se esfuerzan en mantener vivas las tradiciones que sus padres les enseñaron. Han tenido especial éxito preservando la costumbre de tomar el, por eso una de las actividades imperdibles en el pueblo del molino es visitar alguna de las casas de té. Dos de las más antiguas son “La Mutisia” y “Nain Maggie”, que fue la elegida por mi para poder relataros la experiencia.

Casa de té "Naín Maggie"

Casa de té “Naín Maggie”

“Nain Maggie” es el galés para abuela Margarita y si pones interés sus tataranietos te relatarán al detalle como comenzaron a servir el té acompañado de tortas elaboradas siguiendo las recetas de su nain. La atención, a cargo de los propietarios, es excelente y ponen especial cuidado en la ambientación y en explicarte paso a paso lo que te van sirviendo, para convertir la experiencia de tomar el té en algo único.

Té en hebras y dulces caseros en “Nain Maggie”

Primera parte: pan, scons,manteca,queso y mermelada

Primera parte: pan, scons,manteca,queso y mermelada

Para empezar, traen una gran tetera y una jarrita de leche, con tantas tazas como tés hayamos solicitado. El té en si ya es fabuloso y lo reponen tantas veces como lo solicitemos. A continuación traen, por persona, una gran rebanada de pan blanco y otra de pan multicereales, tan casero que la harina es elaborada en el molino del pueblo, con mantequilla, queso y mermeladas, todo de elaboración propia. Esto fue lo que más me gustó. El pan era suave, esponjoso y muy fresco y la mantequilla, la mejor que he probado en mi vida. El queso era suave, pero muy rico. Esto me sorprendió especialmente debido a la baja calidad de la mayoría de productos lácteos en Argentina. Había también un scon por persona, salado. No era el mejor que he comido en mi vida, pero tampoco estaba mal, un poco seco quizás.

Por último, traen la bandeja de tortas (esa que veis en la foto es para tres personas). Si, es un montón de comida, pero todo lo que sobra te lo ponen para llevar. Nosotros éramos cuatro y ninguno se acabo todas sus tortas. Yo probé un poco de cada una, para poder opinar de todas, pero no me terminé ninguna porción entera.

La abuela Margarita pervive a través de sus recetas.

La abuela Margarita pervive a través de sus recetas.

Lo que más me gustó de esta bandeja fue una torta compuesta por un bizcocho de nueces y otro de vainilla unidos entre sí por queso crema. Bien esponjoso y nada empalagoso, lo cual era de agradecer a esas alturas de la merienda (que fue en mi caso comida-merienda-cena).

Suelen ser siempre las mismas cinco tortas. Una es de nata, muy rica, pero demasiado pesada para mi gustó que no soy muy fanática de la misma. Evidentemente, tiene una alta densidad grasa y eso se nota en el primer bocado. Si sois de los que os comeis la nata montada (chantilly) a cucharadas, os encantará.
Después de ésta, le entré sin dudarlo a un clásico infalible de la repostería argentina: la tarta de coco y dulce de leche. A no ser que no os guste alguno de esos dos ingredientes, la amareis. Creo que es casi imposible hacerla mal.

Había también una tarta de frambuesas que no me gustó para nada. Ni la masa ni el relleno me resultaron apetecibles. No sé por qué, ya que me encantan las frambuesas y los dulces de cualquier fruto rojo, pero era como una masa ácida que si no me dicen nada, pensaría que es de guindas y, aún así, no sería rica.

Y no podía faltar la torta negra, el más tradicional dulce galés. Para ser sincera, esto tampoco me gustó demasiado, pero solo porque tenía mucho sabor a algún licor que no me agradó. Sin embargo, no me hubiera ido de Trevelin sin probarla, aunque solo fuera por su historia. Nació del ingenio de las mujeres galesas en un momento en el que escaseaban los alimentos y se caracteriza por el alto grado de conservación. Hoy en día sigue siendo un elemento imprescindible en las bodas galesas. La tradición es regalarle una torta negra a los recién casados que comerán una porción y la guardarán en una lata para comer una nueva porción en cada aniversario.

ALBA SALGADO LÓPEZ

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