Cómo viajar sin moverte, según el escritor Juan Marsé


Juan Marsé

Betty Boop llena las estanterías de Marsé

Entrar en la casa de uno de los escritores españoles de la Generación del 50 y que lo primero que te reciba, colgada en una pared, sea la cabeza del personaje animado Betty Boop, no es algo que se espere.

“Soy muy aficionado a ella desde hace mucho tiempo, me gusta”, nos confiesa el escritor y periodista Juan Marsé en su lugar de residencia del característico barrio del Eixample en Barcelona.

Poco después llega su museo en forma de despacho. Estar en un habitáculo tan personal donde se combinan los recuerdos, los libros, los guiones de películas, palpando el ingenio, las horas de trabajo, de concentración e, incluso, haciendo un viaje en el tiempo, es un regalo para cualquiera que admire el trabajo de los buenos escritores.

Juan Marsé nos enseña a viajar sin movernos, a desplazarnos leyendo, con sus libros. “Se puede viajar con la imaginación”, señala.

Juan Marsé

Las estanterías de su despacho ‘cuentan’ grandes historias

Juan Marsé

Los recuerdos de una vida de 80 años

Inventar es lícito

Obras suyas como Últimas tardes son Teresa (1966) o La oscura historia de la prima Montse (1970) nos hacen volar a una Barcelona de postguerra, franquista, con una burguesía catalana. Un viaje en el tiempo que te permite conocer un lugar sin haberlo visitado antes, o te crea la idea de cómo sería la sociedad en ese momento.

“Hay que documentarse aunque se puede inventar, es lícito, mira Julio Verne”, nos explica el novelista. “En la literatura de ficción todo es cuestión de convencer al lector de que es verdad aunque no lo sea, y contarla muy bien”, añade.

Aunque hay veces, como es el caso de la obra de La oscura historia de la prima Montse, que “piensas en describir solo una aventura de una chica burguesa universitaria con un chico de barrio y, cuando eres riguroso en el trabajo y consecuente, te ves obligado a preguntar y a informarte, entonces tu relato de aventura se vuelve más sociológico, más crítico y reivindicativo”, confiesa Marsé, “esto desmonta la teoría de los más eruditos que esperarían una chica de burguesía catalana con un coche sport”.

Recomendaciones para escritores viajeros: inquietud

A pesar de los años de profesión del escritor catalán y de ser un Premio Cervantes (2008), Marsé, entrado ya en la década de los ochenta, se presenta humilde y crítico a la vez.

Juan Marsé

Juan Marsé en el despacho de su casa en Barcelona

“No me considero la persona ideal para recomendar cómo escribir sobre viajes”, expresa con una mirada baja en su despacho. “Cada caso tiene su solución y depende del estilo personal de cada uno, la capacidad de evocación del escritor y la capacidad de transmitir esa inquietud viajera… Se puede ser muy directo y sencillo, o muy barroco, depende”, expone.

Sobre el estilo que el galardonado con el Premio Cervantes está adoptando en su próxima novela, Sentiments i centimets (Sentimientos y centimitos), todavía no ha revelado contenido salvo que el título es en catalán –puede que sea el primer libro del autor barcelonés en este idioma–. “No voy a cambiar a estas alturas, tuve una formación en castellano cuando no se estudiaba en catalán”, sentencia.

No soy nacionalista.

Mi posición es de cabreo continuo y constante.

Para un nacido en Catalunya la pregunta es obligada. Cómo siente Marsé ese nacionalismo. “Yo no soy nacionalista y mi posición es de cabreo continuo y constante. Había que recuperar los cuarenta años franquistas de no hablar catalán y había que estabilizar la balanza, pero ya está… en la calle la gente es bilingüe, por qué en el colegio no”, sostiene con indignación el escritor.

Juan Marsé

El Séptimo Viajero con el autor barcelonés

Una figura literaria de referencia para el que quiera viajar sin moverse o quiera dedicarse a escribir.

Juan Marsé se codeó con los mejores de su Generación (Manuel Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo, Terenci Moix y Eduardo Mendoza, entre otros) y demuestra que no hace falta seguir unos cánones escritos –como no sólo plasmar en sus obras una burguesía tal cual, sino ir más allá y relatar una reivindicación social, o nacer en un lugar y tener que seguir unas ideas nacionalistas porque sí–.

A veces, por estas opiniones que no siguen unos paradigmas convencionales y que se salen de lo establecido, surgen juicios hacia su persona. Pero si no existieran personalidades críticas como Marsé, el mundo, probablemente, nunca evolucionaría.

¡Feliz día del Libro y Sant Jordi!

BÁRBARA M. DÍEZ

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