Mareado en La Paz


lapaz7La gran metrópolis andina de La Paz es vibrante, estruendosa y riquísima en la cultura y la historia.  Sus caóticas calles están repletas de vida – taxis, microbuses, mercadillos, niños, comida callejera, todo tiene su propio ritmo, y mientras escuchamos el reggaetón y cumbia sonando con estridencia por todas partes, allá en la distancia, entre los huecos en la infinita silueta de la ciudad, las cumbres nevadas de la montañas afirman una presencia muy dramática sobre la capital boliviana.

En La Paz se nota una mezcla fascinante de personas, donde una sociedad moderna se combina con las antiguas y eternas costumbres andinas, y algo tan sencillo como la moda cotidiana demuestra los grandes contrastes que existen en el país.  Vaqueros ajustados y extravagantes pendientes forman una parte tan típica de la moda como los chales tejidos, las extravagantes y coloridas faldas, y los sombreros hongos que llevan las mujeres indígenas.  Las diferencias son extremas y un sentido de una gran injusticia histórica, un descontento político y una polémica cotidiana está siempre presente en el aire, y se ve claramente la realidad boliviana en los distintos papeles que llevan los diferentes personajes de la ciudad, en los contrastados rascacielos y casuchas, y en los hermosos y significativos murales que se encuentran en toda la ciudad.

El corazón de La Paz está dominado por la iglesia de San Francisco, un fuerte símbolo de la presencia y influencia español.  Desde allí las calles corren como venas en cada dirección, los ritmos de la ciudad como pulsaciones extendiéndose por ellas.  La antigüedad, la modernidad, la pobreza y la riqueza forman un crisol de culturas contemporáneas.  Elegantes edificios coloniales quedan congelados en el tiempo, mientras la nueva y dinámica La Paz inunda a sus alrededores.  El trafico chilla a todas horas, y los abarrotados microbuses vuelan por las cuestas de la ciudad como enloquecidos cochecitos de juguetes, escasamente esquivando todo y a todos.

Los emocionantes y evocadores mercados de La Paz son un paraíso de souvenires para los visitantes de la ciudad.  Los lugareños son muy amables, los colores muy vivaces, y nuestra pasión hacia las compras está afrontada por un caleidoscopio de posibilidades.  Brillantes pantalones rayados, jerséis de lana de llama, gorros de pompones, mochilas llamativas… todos los turistas acaban vestidos iguales, comprándose la moda por excelencia del ‘viaje latinoamericano’ –  pero la verdad es que nos encanta.

A poca distancia de La Paz encontramos la montaña de Chicaltaya y el Valle de la Luna.  Ambos son excepcionales ejemplos de las maravillas geográficas de Bolivia, y sin duda merece la pena visitar los dos.  Las vistas desde la cima de Chicaltaya son impresionantes y se extienden hasta la infinidad, ofreciéndonos una increíble diversidad paisajística, mientras el Valle es un cautivador laberinto de curiosidades, provocando a salir el Indiana Jones que vive dentro de todos.

En fin, La Paz es un lugar extraordinario y encantador para pasar unos días.  Ofrece experiencias únicas y inolvidables y una dramática introducción a la profunda y fascinante cultura andina.

LAURA CERYS JENKINS

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