La inolvidable ciudad de locuras


Las VegasLas Vegas es estrambótico, estrafalario y sencillamente extraño… en un sentido positivo, claro, pero es la verdad.  Desde el primer momento que llegué estaba encantada al ver que todo lo que había visto al cine se extendía delante de mi.  Rodeada por luces parpadeas, clamores de jolgorio, construcciones extremas y fantásticas, un mundo del todo exagerado, pues no sabía ni por donde empezar.  ‘¿Cómo puede ser que un lugar así existe?’ me preguntaba continuamente.  ‘¿Cómo que Luxor, Venecia y París de repente están todos en la misma calle?  Por qué hay romanos y piratas aquí?  ¿Por qué todos siempre me dicen ‘Have a nice day!’?  ¿Y por qué hay tantísimas opciones diferentes para mi hamburguesa?` Hasta hoy, nunca he encontrado las respuestas.

La primera cosa que me fasciné sobre Las Vegas fue el tamaño de la ciudad y su entorno geográfico.  Mientras el avión descendía al aeropuerto me sorprendió la pequeña que es – un bulevar dramático, unas afueras, y luego la nada.  Y aquella nada acaba en medio de un paisaje impresionante.  Sabía que la ciudad se ubicaba en el desierto, pero nunca lo había considerado de verdad.  Supongo que nunca había pensado en serio lo que quiere decir ‘una ciudad en medio de un desierto’.  En comparación con sus alrededores, Las Vegas en nada más que una pequeña marca en un enorme lienzo de arena ámbar y carmesí, diminuta en un mar árido de tierra sedienta.  Sin embargo esa ciudad, o al menos la que vemos los turistas, es estruendosa, viva y dinámica, un fuerte contraste con el paisaje inhóspita que la rodea.

The Strip, la parte de Las Vegas reconocido en todo el mundo por sus hoteles y casinos extravagantes es increíble, extraordinario y en realidad, absurdo.  Los grandes edificios que se encuentran en aquella avenida son excéntricas y surrealistas obras maestras que provocan la risa, el asombro y la perplejidad.  ‘¿Cómo puede ser que estoy en cima del Torre Eiffel con una vista de un bazar aladino y un foro romano?’ nos preguntamos.  Pero bueno, Las Vegas es así.   Un simple camino por The Strip ofrece experiencias irreales, imágenes inconcebibles y frivolidades ridículas. Alrededor de diez carriles de tráfico viajan por la avenida todo el día, llevando a las juerguistas a las infinitas fiestas y casinos de la ciudad.  Por la noche los neones y los espectáculos de luces iluminan Las Vegas desde la tierra hasta el cielo.  Por todas partes hay algo, o alguien para ver, y el dinero es siempre la gran protagonista de esa ciudad que es, es un sentido, nada más que un gran despliegue de la riqueza.

Dentro de los increíbles hoteles de Las Vegas, todo es posible.  No importa qué o cuanto queremos beber o comer, todo se encuentra allí.  Si queremos ir de fiesta, podemos, y a cualquier hora.  La diferencia entre día y noche es borrosa en las luces tenues de los barres, y se nota una interminable preparación de cubatas.  Mientras tanto las tragaperras cantan a todas horas y los ruidos de la gloria y la quiebra llenan al aire.  Si gastar dinero es lo que nos gusta, pues estaremos siempre muy bienvenidos en Las Vegas.

En fin, estrambótico, estrafalario y sencillamente extraño.  Creo que estas palabras ofrecen un buen resumen la aquella inolvidable ciudad de locuras.

LAURA CERYS JENKINS

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