Mi primera vez en la Gran Ola – sensaciones en India


India

Mujer y niño en un tren en India

Con una voz ronca, grave y que denota el paso del tiempo, un anciano de tez rojiza clavó sus grandes ojos negros y se dirigió a mí.

–Hija, esto es muy parecido a la Gran Ola. El surfero espera una espectacular ondulación en el mar durante toda su vida, que le permita cabalgar mientras pasan los segundos. Una hazaña que, de lograrla, le llenaría de energía y vitalidad el resto de su existencia, y le ayudaría a elaborar con más empuje sus relatos a futuros nietos. Pero hay veces que esa ola no llega o, peor, que si se consigue al final no resulta como la habías pensado. Es entonces cuando surge la decepción.

Una frustración que cualquier viajero puede desarrollar cuando tiene unas expectativas muy altas sobre un país, su cultura y su gente. Ilusiones creadas a partir de sueños, de noticias, de escenas leídas, de experiencias no vividas directamente. Y es aquí cuando los problemas llegan.

En algunos casos los resultados son mejor de lo esperado, pero en otros, esos deseos de conocer a nuestra manera –muchas veces con una mentalidad occidental– finalizan así: ¡zas! con una bofetada en el rostro, como si de un padre a su hijo se tratara. Y dan paso a tu verdadero viaje interior.

¿Misticismo indio?

Ya lo decía Rabindranath Tagore, poeta bengalí y primer hindú laureado con el Nobel de Literatura (1913), “la vida es la constante sorpresa de saber que existo”. Y es que  cuando tu avión aterriza en la India, hay algo dentro de ti que se mueve. Puede ser el sentimiento de explosión interior después de muchos años de espera, como la niña que anhela el día navideño de los Reyes Magos tras un año para ver sus juguetes. Una espera construida con sueños e ilusiones, y envuelta con un toque de misticismo y religiosidad hindú. Pero la sorpresa de la vida se muestra nada más salir del aeropuerto.

Una multitud de personas permanece anclada en la puerta de la Terminal aérea con la esperanza de captar algún cliente para excursiones, taxi o lo que tercie. El ruido de cientos de coches –cláxones, motores, camiones, etc.– es permanente y atronador. Después de más de diez horas de vuelo, este ambiente no es lo más agradable para el jet lag.

¿Dónde queda esa India imaginada y mística de los libros, de las películas?

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Interior de un taxi y circulación en Calcuta

Automóviles, gente y vacas se agolpan en igual número por las caóticas calles de cualquier ciudad india, así que la alternativa en desplazamiento para el turista principiante es el rickshaw –también llamado tuk-tuk por el ruido que su motor emite–.

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‘Rickshaw’

Aunque para disfrutar de un viaje en rickshaw es necesario regatear, como en otras regiones de Asia, salvo que aquí el regateo viene acompañado del timo. El engaño es otro de los golpes que la península índica ofrece al viajero en su primera vez y hay que saber llevarlo con dignidad.

Como también hay que aprender a encarar la reacción del cuerpo en un ambiente lleno de suciedad y polución. La India es inmunda y colmada de contaminación por los millones de coches y motos. En Occidente se habla mucho de las enfermedades, de las vacunas, de las medidas higiénicas… pero allí es imposible acordarse de todo. Y lo peor para el turista es enfermar el día tres de tu viaje, de ese ansiado y esperado viaje.

Es entonces cuando toda tu India mística cae al nivel del subsuelo y comienzas a odiar, a intentar buscar una explicación sobre lo que te está sucediendo. ¿Por qué justo ahora? Tantos años aguardando este destino y cuando está ya ahí, ¡zas!, otra bofetada y, ésta, de las grandes.

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La gente acude a rezar a los templos de Tiruvannamalai

El cambio interior

Y como si de un golpe en el estómago se tratara, después de días febriles, sientes un vuelco interno, un cambio en tu relación con India, un amor-odio en un mismo tiempo. No puedes buscar una explicación, empiezas a salir arrastrado del fondo del océano, lugar donde tu Gran Ola te llevó, e inicias tu viaje a lomos de ella.

Entonces te das cuenta. La Gran Ola no es siempre como esperas, hay que adaptarte y dejarte sorprender con lo que te traiga, no ir contra ella o vivirla desde un punto de vista aprendido en tu mundo.

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Mercado de Chenai

El país asiático tiene una cultura que hay que acatar, una humanidad y hospitalidad exquisita que en Occidente hemos perdido. Su religión hinduista, añadida al problema de las castas sociales, es la base que sustenta todo, de ahí la miseria que se puede percibir en sus calles. Y un poco más allá de la mirada inicial, puedes apreciar a su gente con una gran corazón y un estilo de vida –a veces incomprensible al ojo europeo–, pero a respetar.

Si entiendes todo lo que gira en torno a su historia y a sus costumbres, probablemente surques el mar en la cima de tu ansiada ola y, si sigues con un pensamiento positivo, probablemente hasta repitas. Sino, la ola acabará contigo y ahogará esas ansias generadas durante años.

India no es un país más, es un sentimiento, una sensación, una aventura, un amor-odio, un cambio personal y un aprendizaje interior. Lo mejor, viajero, es que si vas alguna vez te dejes empapar por ella, sólo así podrás contar a tus nietos lo que es esperar y vivir la Gran Ola.

BÁRBARA M. DÍEZ

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