Al otro lado de los Pirineos…


perpinyan5A pocas horas al norte de Barcelona, al otro lado de los Pirineos, encontramos la pequeña y encantadora ciudad de Perpiñán, llena de curiosidades, delicias, colores, y perfecta para una autentica y rústica escapada.  Las estereotípicas escenas francesas que se realizan allí recuerdan a la película Amélie, y a veces nos hace sentir como si estuviéramos en un parque temático de la vida francesa por excelencia.

El antiguo barrio central de la ciudad está lleno de hermosos y estrechos edificios que están decorados con una multitud de tonos pasteles, los cuales, durante las variadas luces y sombras del día ofrecen un espectáculo del espectro de tonalidades ámbares.  Y mientras tanto las espléndidas pastelerías y tradicionales charcuterías emiten aromas finas y robustas y seducen a todos a entrar a probar algo.  A la entrada del barrio histórico yace el castillet, un recuerdo de la época catalana en Perpiñan, y algo que dota la ciudad con un aire medieval.  Afuera se encuentran mercadillos evocadores que ofrecen un despliegue de productos locales y muy fácilmente nos caemos en la tentación y compramos algo.

Los sábados en la Place de la République los restaurantes están rebosantes con lugareños disfrutando del sol, del clásico tiovivo, de sidras burbujeantes, y de abundantes raciones de mejillones y patatas fritas.  Charlan, discuten, observan a los demás y al acabar, toman un fuerte y aromático café y deleiten en los típicos y fragantes cigarros franceses.  Más tarde, deambulan por las pintorescas y sinuosas callejuelas, y pasan por un sin fin de boutiques llamativos cuyos escaparates provocan y tentan incesablemente.

Los domingos por la mañana Perpiñán está adormilada.  La única opción entonces es un delicioso desayuno francés.  Un café au lait y unas creps caseras acompañadas por limones súper jugosos nos preparan perfectamente para un día errante.  A poca distancia del centro de la ciudad se encuentra un laberinto de calles tranquilas donde se supone que viven los lugareños.  De vez en cuando topamos con una placita olvidada, congelada en el tiempo, y sacamos un montón de fotos con la esperanza de guardar el autentico y cautivador ambiente.  Detrás de las bellas fachadas de las casas imaginamos la rustica vida francesa – la comida del domingo preparada en una grande cocina con pan caliente, queso inquietantemente oloroso e interminables botellas de vino almacenadas en un rincón polvoriento.  ¡Ojala que nos invitasen a entrar a comer con ellos!

En fin, Perpiñán es una perfecta escapada si lo que buscan es la tranquilidad, la autenticidad, unas curiosidades y unos perfectos caprichos culinarios.

Bon voyage!

LAURA CERYS JENKINS

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