Un viaje al corazón de “la Manhattan barcelonesa” – 22@Barcelona


El barrio de Poblenou, en el distrito de Sant Martí, fue renovado tras el plan 22@Barcelona, y hoy aglutina la historia industrial de la ciudad con una edificación de vanguardia, zonas verdes abiertas al mar y centros vecinales de ocio, siendo una alternativa para el turismo

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Mapa de la zona (haz click para ampliar)

Cuando caminas entre sus calles todavía puedes percibir ese aliento del pasado industrial que marcó la historia, no sólo del barrio de Poblenou, sino también, de toda Cataluña. Entre los edificios asoman las chimeneas que antaño formaban parte de grandes complejos industriales, y que ahora se mezclan con construcciones más modernas que hacen pensar en un Manhattan al estilo barcelonés.

Los espacios han sido transformados, debido a macroproyectos urbanísticos –como el iniciado a causa de los Juegos Olímpicos de 1992 y el 22@Barcelona–, en grandes parques para la innovación tecnológica, en una variada oferta hotelera para el turismo y, también, en centros (cooperativas) reutilizados por los vecinos para favorecer ‘el ocio del intercambio’.

Con la llegada de la Revolución Industrial en el siglo XIX, Sant Martí de Provençals –distrito que en aquel entonces no pertenecía a la ciudad–, contribuyó a que Barcelona fuese una de las ciudades más industrializadas de Europa, con la instalación de fábricas dedicadas principalmente a la manufactura de hilados, tejidos y estampados de algodón. La fábrica Anchon, que en la actualidad alberga un hotel de cuatro estrellas, es uno de los ejemplos que conformaron el pionero tejido industrial en el barrio, como antiguo taller de cáñamo.

A partir de este momento el territorio pasó a conocerse como el “Manchester Catalán”. Un paisaje cubierto por chimeneas que expulsaban humo negro por su cúspide y manchaban el mar con sus vertidos, y por unas barracas a modo de vivienda pobladas por inmigrantes –procedentes en su mayor parte de las comunidades de Aragón y Valencia– en búsqueda de una nueva oportunidad.

Un barrio obrero

“Ser un trabajador industrial, significaba tener un nivel de vida muy bajo”, señala Isabela Deirer miembro de una de las cooperativas de vecinos del barrio.

Y es que, entre las naves industriales, residían las familias del proletariado obrero, en edificios humildes con deficientes condiciones laborales y de vida. Largas jornadas laborales, sueldos bajos, mano de obra de mujeres y niños, falta de higiene, desnutrición de la población y ausencia de ayudas sociales, hacen florecer las primeras asociaciones de trabajadores y ateneos como La Flor de Maig que se mantiene hasta hoy. Surge el cooperativismo, organizaciones de consumo creadas y gestionadas por los mismos proletarios que pretendían ayudarse comprando comida a precio más económico, ofreciendo formación y actividades lúdicas para el colectivo.

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“La Flor de Maig”: centros vecinales de ocio, cultura y trueque
Carnet de socio
Cuando un grupo de 16 obreros fundaron en 1890 la Cooperativa Obrera de Ahorro y Consumo Flor de Maig, en la calle Dr. Trueta número 195 del barrio de Poblenou, no se imaginaron que su sede seguiría abierta en el año 2013 y con el mismo espíritu de colaboración entre sus socios. “La gente trae aquí lo que puede y comparte, hay un trueque”, aseguran los vecinos de la asociación. La Flor de Maig se creó para ayudar a los que no tenían recursos y para facilitar el acceso a la cultura a los obreros. Con la llegada de la época franquista, el Ateneo –denominado así también por sus integrantes– fue clausurado y tuvo que esperar la llegada de la democracia para su reapertura. Hoy ofrece cenas con música en directo todos los miércoles, bajo un donativo y para cualquiera que se acerque a visitarles, y un ocio gratuito organizado sin ánimo de lucro por los socios: circo, guardería, reciclaje de ropa, costura, cine, biblioteca, huerto urbano, sala de lactancia materna, teatro, actividades dirigidas, etc. 

El proyecto urbanístico

El plan 22@Barcelona, iniciado en el año 2000, transformó la estética del distrito industrial de Sant Martí, en concreto el barrio de Poblenou, mediante una recalificación del uso del suelo. Una gran operación urbanística, con una inversión pública inicial del plan de infraestructuras de 180 millones de euros, según fuentes del Ayuntamiento de Barcelona, cuyo objetivo era conseguir una reforma urbana, económica y social que convirtiera esta zona en una importante plataforma científica y tecnológica.

El nuevo trazado metropolitano transforma 200 hectáreas de suelo industrial, unas 115 manzanas, en un distrito innovador que ofrece espacios modernos para la  concentración estratégica de actividades tecnológicas. Un área que acoge 4.614 viviendas preexistentes y en la que se plantean 4.000 nuevas viviendas de protección oficial, destinando un 25% del terreno al alquiler, según fuentes municipales.

El objetivo inicial para el espacio ocupado por zonas verdes es de 114.000 metros cuadrados y de 145.000 m² para nuevos equipamientos. Además, este proyecto anunció la creación de 130.000 nuevos puestos de trabajo en la zona, algo que no se llevó a cabo ya que las empresas “trajeron su propio personal del extranjero”, critican los vecinos del barrio.

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Oferta hotelera para todos los bolsillos
El alojamiento para el turista que decide quedarse en el barrio de Poblenou es variopinto. La oferta es muy amplia. Aquí te recomendamos algunos como los apartamentos a pie de playa, un ‘hostel’ más modesto como Amistat, hoteles del grupo Barceló, y si buscas algo de más lujo tienes el Four Points operado por la cadena Sheraton o el Hilton.

Protestas vecinales

Con este plan para la zona “el Ayuntamiento lo ha mejorado, pero no lo ha conseguido”, añaden los ciudadanos del distrito, ya que, debido a la crisis, los recortes económicos han causado una pérdida de fondos públicos y han paralizado parte de las obras.

Este medio intentó ponerse en contacto con Ana Franco, responsable de prensa del área de hábitat urbano del Ayuntamiento de Barcelona, para informar sobre la evolución de las obras, sin obtener respuesta en torno a ello.

Añadido a estas quejas, el diario “La Vanguardia” publicó informaciones –visibles en su web hasta hace unos días– sobre el descontento de los vecinos ante la poca voz que el Ayuntamiento les ha dado en estos años, y su lucha por la privación de sus lugares de reunión, ocio, arte, huertos urbanos y formación basados en el trueque como los actuales La Flor de Maig, La Teixedora y La Escocesa, centros que cualquiera puede visitar hoy en esta zona.

También, el conjunto de arquitectos formado por Pla, Arcadi; María Puig, Ramón; García, Pedro y Terradas, Robert presentó el proyecto “El nuevo sector 22@Barcelona; una crítica constructiva” en el que revindicaban una ralentización y uniformidad en la transformación de la ciudad de Barcelona para evitar  las desigualdades entre barrios.

Infraestructuras turísticas

La recalificación urbanística de los solares del Poblenou, para llevar adelante el 22@Barcelona, obligó a empresas como la Cerería Mas a cerrar sus puertas. “Quitó las pocas empresas que quedaban para instalar empresas tecnológicas” aqueja un vecino de la zona. Numerosas parcelas quedaron disponibles y allí se levantaron edificios de grandes magnitudes con formas y colores sorprendentes para cualquiera que visite la zona (Torre Agbar, las sedes de RBA, Mediapro, Yahoo e IMI, entre otras). El Forum con el Palacio de Congresos –cabida para 20.000 delegados− marca los límites del barrio.

A pesar de todo, Poblenou es un área con perspectivas de expansión para recibir más turismo. Prueba de ello es el proyecto para crear un intercambiador de transportes en la zona de La Sagrera, al norte del distrito de Sant Martí, con la presencia del tren de alta velocidad (AVE), según la sociedad Barcelona Sagrera Alta Velocitat. Si finalmente se consolida el proyecto, se trataría de la mayor infraestructura de transporte construida en Cataluña.

Además de estar bien comunicado, el barrio cuenta con una amplia oferta gratuita de ocio como la fábrica donde reside el Centro Social Ocupado (CSO) La Nave Espacial y el recinto que ocupaba la antigua fábrica La Escocesa, hoy centro de creación de artistas; sin olvidarnos de la comida a precio popular que el CSO La Teixedora ofrece los domingos. Poblenou aporta muchas más ofertas que el ocio estándar, siendo una alternativa al turismo de masas.

SARA CRISTINA ESPINA Y BÁRBARA M. DÍEZ

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