Bodegalona – La curiosa historia de las tascas olvidadas


Mientras echaba un vistazo al suplemento Travel del BBC me tropecé con un reportaje que se llamaba Barcelona – My City, mi ciudad, que comentaba algunos de los rincones más curiosos y desconocidos de la ciudad.  Una de sus revelaciones fue la curiosa Gran Bodega Saltó, un diamante en bruto del barrio de Poble Sec que enseguida captó mi imaginación…

El reportaje explicaba que aunque antaño las bodegas de Barcelona eran importantes lugares de encuentro para la comunidad, con el paso del tiempo perdieron su popularidad a causa de un sinfín de nuevos locales de moda.  Sin embargo, mencionó que después de unos años escondidos en la sombra de aquellos elegantes centros hedonísticos, las tradicionales bodegas ya están saliendo a la luz de nuevo y ganando fama entre ellos que buscan algo diferente.  Decidí que no quedaba entonces más remedio que visitar la intrigante Gran Bodega Saltó, investigar unas cuantas más de aquellas enigmáticas bodegas y descubrir para mí misma su rústica magia-casera.  Indagué en el laberíntico internet a fin de informarme sobre las antiguas bodegas de la ciudad, y tras rastrear varias pistas opté por visitar cuatro bodegas distintas que englobaban los dinámicos barrios de Poble Sec, El Raval y El Gótico.  Dado que fue el lugar de origen que despertó de mi curiosidad, empecé mi viaje de descubrimiento en la inspiradora Gran Bodega Saltó, ubicada en Carrer Blesa.

Poble Sec

Gran Bodega SaltoCon más de cien años de edad, esta bodega habrá hospedado a muchísimas personalidades durante su larga historia, pero actualmente suele recibir a jóvenes en busca de algo diferente, y eso, sin duda, es lo que se encuentra allí.  Tan pronto como se entra en la bodega se nota que esto es un lugar de maravillas.  La excéntrica decoración es sorprendente y llamativa, y los enormes y antiguos barriles prometen unas copas encantadoras.  Pregunté a la camarera un poco sobre la historia del local y me explicó que hace poco tiempo estaba a punto de cerrar.  Las bodegas habían perdido algo de su encanto, o al menos es eso lo que pensaba el público.  Pero un día entraron dos personas y quedaron enamorados del sitio.  Querían hacer algo para salvar la bodega y tras unos meses de renovación Saltó empezó a brillar otra vez.  Me contó que el curioso ambiente y estilo del bar se debe al artista inglés Steve Forster quien se inspiró en el hecho de que el propietario está conocido como El Tigre y que por eso hay tantos diseños basados en aquel animal.  Noté en la pared que había un certificado que proclamaba Saltó como una Bodega Bohemia y la verdad es que este título es bien merecido.  La mezcla de toneles tradicionales y arte estrafalario es muy evocador, y con una copa de vino por tan sólo 1,20 euro, y sencillas, pero deliciosas, tapas caseras – la ración de queso manchego y pan con tomate es especialmente bueno – Gran Bodega Saltó es un lugar muy particular para pasar la tarde.

Bodega ElkanoLlegó el momento de continuar con mi ruta de las bodegas de Barcelona – o la ruta Bodegalona como decidí nombrarla – y con eso una visita a la escondidita Gran Bodega Elkano, situado todavía en Poble Sec, en Carrer Elkano.  Este tiene que ser uno de los rincones más curiosos de toda la ciudad.  Entrar en esta tasca es como entrar en el sótano de un barco de piratas.  La decoración es de un caótico estilo marinero, y un sinfín de artículos raros – gorras navales, pequeñas boyas, botellas polvorientas, redes de pesca, conchas, relojes, lámparas, y fotografías de la familia real – crean un ambiente estrambótico.  El tabernero me contó honestamente que no sabía la razón por el curioso interior del local y que él sepa “siempre ha sido así”.  La verdad es que esto transmite un ambiente aún mas misterioso y peculiar que, junto con la alegre música de los 70 y los clásicos del flamenco, asegura que esto es uno de los lugares más singulares de Barcelona.  Los clientes charlan con el camarero y hay un aire muy familiar que va de mano con las botellas Font Vella llenas de vino y crea un entorno muy casero.  Y cuando una copa sale tan solo 70 céntimos se entiende perfectamente porque los vecinos se juntan allí.

El Raval

Bodega MontseVolví al itinerario y me dirigí al barrio del Raval para conocer Bodega Montse en Carrer Arc de Sant Agustí, que según dicen es uno de los bares más antiguos de la ciudad datado del año 1893.  Allí enseguida viví un choque sociocultural puesto que entrar allí es como encontrarse en una distorsión del espacio-tiempo.  Seguramente este local no ha cambiado durante décadas y lleva consigo un crudo encanto que susurra de tiempos olvidados.  Antiguos afiches desteñidos anuncian corridas y cantaores y ayudan a formar aquel fuerte ambiente rústico-kitsch que se encuentra allí.  Otra vez, los 70 siguen vivos en esta bodega y la música de Abba y los Bee Gees  llena el aire.  ¡Pero quizás lo más extraño de todo es que el baño es un inodoro turco!  Algo, para mí, nunca visto en Barcelona.  Pero hay una buena compensación, y como esperaríamos de una auténtica bodega, sirven el vino directamente de barriles amontonados, y con un precio medio de 90 céntimos no nos podemos quejar.

El Barrio Gótico

La Vinatería del CallAcabé la ruta Bodegalona en El Barrio Gótico en La Vinatería del Call ubicada en Carrer Sant Domènec de Call.  A pesar de estar a muy poca distancia de las famosas Ramblas, esta bodega es muy escondida y es fácil no darse cuenta de su existencia.  Se la encuentra a la mitad de una sombría callejuela, detrás de una misteriosa y oscura puerta que emite una luz parpadeante, y recuerda perfectamente a la fachada del cuarto de un capitán de barco hace siglos.  Pero si nos atrevemos a entrar descubriremos una cálida, e incluso diría elegante, taberna.  Supuestamente esta es la vinatería más antigua de Barcelona y la verdad es que sí que tiene un aire muy histórico.  Los jamones colgantes y los armarios rebosantes de vinos son clásicas imágenes de una buena bodega, pero en este caso hay también un ambiente quizás un poco más chic que sugiere que los clientes han estado al tanto sobre este lugar tan secreto.  La primera cosa que el camarero me preguntó fue si tenía una reserva y pensé, que si hace falta reservar una mesa en una bodega, quiere decir que no es la típica cantina del vecindario, sino algo un poco más distinguido, o como dice su página web, una taberna gourmet.  Y eso se nota especialmente en su carta de vino que incluye hay un sinfín de opciones de varias regiones – ¡incluso se puede comprar una botella de Cabaret Sauvignon por 795 euros!  La comida es casera y rica y complementa muy bien la selección de vino aunque, como es lógico, esta bodega es la más cara de las cuatro.      

Esta ruta es un redescubrimiento de los locales de Barcelona, el cual nos ofrece un punto de vista muy distinto sobre lo que quiere decir salir de copas.  Estas históricas tascas han quedado un poco olvidadas, un poco perdidas en la frenética movida de la ciudad, pero conservan misterios, aires diferentes, y entornos siempre sorprendentes.  Ofrecen una mirada poco vista de la capital catalana, una historia, una comunidad, una cultura fascinante.  Quizás sea mejor que estas curiosas bodegas queden fuera del típico camino turístico de la ciudad y que conserven sus auténticas e individuales personalidades.  Pero los que sí se atrevan a descubrir los secretos de estos rincones, no quedarán decepcionados con sus hallazgos.

LAURA CERYS JENKINS

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