Donde la luna no me miente (un viaje interior)


Estuve varios días observando la luna, confusa, hasta estar segura de que no eran alucinaciones mías. Cuando ya hubo pasado por todas sus fases, me atreví a preguntar. Descubrí ese día que en el hemisferio sur la luna no miente. Al contrario que en el norte, allí crece cuando tiene forma de “C” y decrece cuando tiene forma de “D”. Lo sentí como una revelación y me llevó a una larga reflexión que escapaba de la luna y las mentiras. Al día siguiente, escribí este texto que os comparto hoy para los que queráis acompañarme, esta vez, en un viaje interior.

Llegar al Portezuelo tras muchos kilómetros de subida.

Llegar al Portezuelo tras muchos kilómetros de subida.

Los días son eternos en la Patagonia. Sin embargo, el tiempo, fiel a su costumbre, pasa demasiado rápido.

A un mes exacto de nuestra llegada a Esquel, escribo esto en un autobús (un bondi que dirían ellos) camino a Bariloche,con la sensación de no haber pasado aquí más de una semana.

Hemos aprovechado y disfrutado todos y cada uno de los treinta y un días que llevamos aquí, pero hay tanto por descubrir, tanto por hacer, tanto por explorar que si me llego a descuidar habría pasado un mes más sin enterarme.

Barcelona nos espera y nosotros la esperamos con esas ansias que otorga la novedad. Las promesas de una nueva ciudad, de rutinas diferentes, de paredes que adornar y de días que llenar de amigos, de vivencias, de deseos, de peleas, de silencios… me producen tal excitación que alivian, en parte, el dolor de este adiós.

No soy una persona apegada y forma parte de mi naturaleza cambiar de aires con cierta frecuencia, mas hay algo en este lugar que me impediría despegar si no tuviera la certeza de que voy a regresar.

Hace casi tres años, en agosto de 2010, que llegué a la Argentina por primera vez. Nunca imaginé lo que ese viaje iba a significar. Me he sentido conectada a muchos de los lugares que visito y, más aún, a aquellos que habito por algún tiempo. Italia me enamoró desde mi primer viaje y cada regreso allí reafirmó este amor. No querría morir sin volver a pisar Florencia, sin recorrer las calles de Bolonia recordando a cada paso mis vivencias, sin saldar mi deuda con Roma. Malta me sorprendió con su diminutez caótica y contradictoria, me atrapó con su agitada historia y me apasionó con las aventuras que cada isla me ofreció. Galicia es mi tierra y, por supuesto, siento la llamada de las meigas cuando paso demasiado tiempo lejos de ella. Sin embargo, en cuanto pisé por primera vez el descuidado suelo porteño, sentí un estremecimiento que no me había provocado ningún otro destino. Fue como vibrar en sintonía con el entorno por primera vez en mi vida.

Reflexiones con la Patagonia a tus pies

Reflexiones con la Patagonia a tus pies (A.S.L.)

No imaginéis ni por un momento que fue una llegada ideal. Tuve que luchar y mi inmensa felicidad no impidió que me llegara a angustiar en ciertos momentos. Por suerte, cada vez que alguien intentaba destrozar mi fe en la bondad humana y me preguntaba qué estaba haciendo allí, aparecía como de la nada alguna persona dispuesta a sorprenderme con su amabilidad, con su capacidad de anular mis dudas sin palabras y con esa habilidad para aparecer en el momento justo en que estaba a punto de quebrar.

Muchas de esas personas no estuvieron en mi vida más que un día y, aún así, estoy segura de que nunca las olvidaré. Así no vuelva nunca más a saber de ellas,no dejaré de dedicarles mis pensamientos cada tanto y de enviarle sinceramente mis mejores deseos. Creo en el “karma” y sé que el universo les va a devolver multiplicada la buena energía que ellos regalan.

A Esquel no llegué hasta Febrero del año siguiente. Para ser sincera, nunca había oído hablar de este lugar antes de conocer a Luis. La Patagonia era para mi glaciares, nieve, pueblos montañosos sin un nombre concreto y una curiosa tierra a la que dicen del fuego. Era el cono más austral del planeta, ese que se salvaba en catastróficas profecías mayas. Era el fin del mundo, impresionante, pero hostil.

Cada lago te cuenta una historia

Cada lago te cuenta una historia (A.S.L)

En mi mapa había marcado los mismos puntos que una agencia de turismo marcaría en sus viajes organizados y Esquel no aparecía entre ellos. Trescientos kilómetros al sur de Bariloche, seguramente trescientas veces menos conocido. Más auténtico, más natural, más argentino. De nuevo esa fuerza que algunos llaman casualidad, otros destino, muchos Dios, y otros tantos denominamos karma, se manifestó poniendo a la persona adecuada entre yo y mi mapa. Esa persona ofreció modificar mi itinerario y acompañarme en una aventura que continuó después a dedo, siguiendo la ruta 46 hasta llegar a Salta.

El viaje debe continuar...

El viaje debe continuar…

No había planificado visitar Esquel y, sin embargo, cuando empecé a icursionarme en el Parque Nacional, cuando me adentré por primera vez en la selva valdiviana, cuando me deslumbró el color turquesa del río Arrayanes, cuando abracé un alerce milenario, cuando me enamoré de la corteza canela de un arrayán, cuando observé confundida que la luna no mentía o cuando comprobé que inspirar conscientemente del aire de este lugar me dotaba de una inexplicable energía, supe que una parte de mi pertenecería aquí para siempre.

Aún sin foto, jamás olvidaría ese cielo

Aún sin foto, jamás olvidaría ese cielo

ALBA SALGADO LÓPEZ

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