Las sorpresas del camino


En los tres días que llevamos en el país cátaro, éste no ha dejado de sorprendernos. Los trasnoches preceden a los madrugones, queriendo aprovechar las horas que se nos escurren entre los dedos. Ayer el equipo se ha separado. Nuestro hedonista ha ido en busca de los placeres que quizás expliquen el carácter afable de los habitantes de esta región, mientras los demás viajeros nos saltábamos el plan acordado la noche anterior para dejar lugar a la improvisación y la sorpresa.

Un incidente mañanero fue la causa de que los planes comenzaron a cambiar, dejando a dos compañeros en Carcassone mientras la intelectual, la aprendiz y yo, la historiadora, nos dirigíamos a Brousses. ¿Qué había allí? El Museo del papel, alojado en un viejo molino, dónde Laura aprendió a elaborar su propio papel. Pero no solo ella sacó provecho de la visita, ya que el encanto del entorno aumentaba a medida que nos acercábamos a un pueblo que no nos había sugerido nada en un primer instante.

Tras reunirnos con la curiosa y el aventurero, pusimos rumbo a Lautrec, donde se celebraba la fiesta del ajo rosado. Con fiesta o sin ella, esta ciudadela medieval merece ser visitada. Aunque supongo que cualquier otro día no tendrá la misma animación. A una hora que consideramos prudente, iniciamos la vuelta al cámping, con intención de cenar con luz y ascostarnos temprano. Pero La Bruguiere se interpuso en nuestro camino. Un nombre muy sugerente, una posible leyenda, una rotonda y la indicación de que solo cuatro kilómetros nos separaban. ¡No pudimos resistirnos!

Y tal y cómo imaginábamos, La Bruguiere emanaba magia en cada piedra, en cada habitante y cada respuesta. Nos marchamos más intrigados de lo que llegamos con ganas de conocer más este pueblo, que creemos encantado.

Embrujados como estábamos, una virgen de dos metros iluminada en la montaña, nos pareció una señal para desviarnos a Hautpoul. Nos cautivó este pequeñísimo pueblo detenido en el tiempo. Lo recorrimos rapidamente,pero, a pesar de la hora, nos costaba dejar atrás sus empedradas calles medievales. Decidimos apurar el día hasta último momento con un picnic improvisado, antes de volver, ahora de verdad, al cámping.

Lautrec

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ALBA SALGADO LÓPEZ

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