Día 15: Mezcla de sentimientos en la recta final


Esta será mi última entrada desde Francia ya que mañana estaremos cruzando la frontera. Pasamos nuestro último día en Colliure, donde hemos llegado justo para las fiestas. Esto supone un problemilla para encontrar alojamiento, sobre todo si te pones a buscarlo a la una de la mañana. Parte del equipo ha podido encontrar una habitación libre y  los demás hemos decidido que no había problema en dormir una noche más en la furgoneta, sobre todo, estando tan cerca de llegar a nuestras respectivas camas.

Ayer tampoco conseguimos encontrar alojamiento debido a lo tarde que se nos hizo tras dejar al hedonista en Montpellier. Se ha ido a seguir disfrutando la vida al máximo, pero ahora junto a su familia en Aix-en-Provence. Pero amanecer y descubrir que, sin saberlo, habíamos improvisado el campamento al lado de una playa, fue un regalo para nuestros sentidos. Ver el sol alzarse en el horizonte, desperezarse con un baño al aire libre y saborear el primer café del día en una terraza sintiendo la caricia de los rayos de sol, todavía suaves a esa hora de la mañana fue el mejor preludio para un dìa que sería extraño para casi todos.

Narbonne fue la primera parada, concretamente, su oficina de turismo. Tras recolectar la información necesaria, nos despedimos de la intelectual que quería ver varios museos en la ciudad y llevamos a la aprendiz al Museo de la tradición mediterránea. De allí, a la fortaleza de Salsses, edificada por los Reyes Católicos en la antigua frontera entre Francia y España, un lugar interesante para cualquier historiador aficionado. El siguiente paso, fue dejar a la curiosa y al aventurero en Port-Barcarés y continuar yo sola el viaje hasta Tautavel, donde se encontraron los restos prehistóricos del Hombre de Tautavel. Ya estaba todo el equipo disperso y la oficina de turismo de Perpignan sería el punto de encuentro, a las ocho de la tarde.

Supongo que en este punto del viaje a todos se nos mezclan las emociones. La alegría por todo lo recorrido con el cansancio de días interminables, la emoción de descubrir nuevos lugares con las ganas de volver a casa, el placer del trabajo en equipo con la necesidad de soledad y tranquilidad. La confusión que nos rodea se transmite al ambiente y eso conlleva a encontrarse en situaciones extrañas, como:

No darte cuenta de que es festivo antes de organizar tu día y, lo que es peor, que en la oficina de turismo tampoco se den cuenta y te den el horario de los trenes en días laborales.

Encontrar que por algún extraño motivo, ciertos museos cierran un día en el que podrían recibir una cantidad importante de visitas.

Pagar un taxi porque te quedas tirada en pueblo incomunicado y, para más inri, pagar el helado más caro de tu vida unas horas más tarde.

Sentirte atrapada en una carretera de montaña con el sol de frente y el parabrisas muy sucio intentando adivinar el ángulo de la próxima curva y comprobar que el pueblo al que has tardado una hora en llegar solo estaba a 20 km del anterior. Estar bastante lejos tanto de Peyrepertuse, tu objetivo, como de Perpignan, donde has quedado con tus compañeros en menos de una hora y que vayas para el lado que vayas te queda un buen trecho de esa carretera. Desesperarte, bajar del coche, respirar, mirar desafiante al sol y a las curvas, alternativamente, comerte unas golosinas que afortunadamente están en la guantera, antes de desmayarte porque llevas todo el día practicamente en ayunas. Renunciar a Peyrepertuse, por segunda vez, y con energías renovadas dirigirte a recoger a tus compañeros. Y si, esta última soy yo.

No encontrarnos los cinco de nuevo hasta las once de la noche y, como consecuencia,tener que buscar alojamiento a la una de la mañana en un pueblo en fiestas, fue el culmen de un día agitado para cinco viajeros soñolientos.

Por suerte, la vida siempre da más alegrías que penas si estás receptivo, así tras dormir cuatro horas engurruñados en la furgoneta, a la intelectual y a mi nos sorprende un cielo de mil colores y un amanecer de esos que se te graban en la retina, desde lo más alto de Colliure, cuando el aventurero nos echa de la furgonetas a las seis de la mañana para ir en busca de su última aventura. Descendemos hacia el mar mientras va cambiando de tonalidades a medida que sale el sol y observamos la ciudad despertar,mientras los más trasnochadores todavía no se han retirado.

Tras caminar por la ciudad casi vacía, la vida nos hace otro regalo más. Nos guía hasta un hotel con un jardín que nos parece el paraíso. Decidimos darnos un último homenaje con  un desayuno buffet y una mañana de relax y escritura en este rincón.

Jardines donde olvidarte del mundo

Jardines donde olvidarte del mundo

LA HISTORIADORA

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